[03.3]:: Los componentes de una Interfaz

ver [ 03.4 ]:Definición general de Interfaz

El modelo ontológico/antropológico de Gui Bonsiepe sólo muestra la interfaz en la relación de un humano con un utensilio, pero para efectos del estudio nos interesa generalizar la definición de interfaz, a tal punto que sea una condición que también permita relacionar objetos con objetos o que aplique para cualquier otro tipo de interfaz. Por esto llamaremos a los actores del proceso, “entes” y/o “componentes”.

ente: (Del lat. ens, entis, ser) lo que es, existe o puede existir.
componente: que compone o entra en la composición de un todo.

La palabra “ente”, de acuerdo a su significado, nos permite entonces asociar cualquier tipo de actor (humano, objeto, software, etc.) que participe en la interrelación. Este nuevo punto de vista, nos permite entender la interfaz como un concepto replicable a cualquier clase de articulación.

La interfaz parte por parte

De acuerdo con la etimología del término y las definiciones aceptadas por cada disciplina, para que exista una interfaz tiene que ser posible la relación de al menos dos componentes:

  • Componente 1: aquel ente que posee un requerimiento de uso.
    Si partimos del modelo ontológico de Bonsiepe, el lugar de este componente es ocupado por el ser Humano.
  • Componente 2: aquel ente que posee las características que posibilitan el uso.
    Desde el punto de vista de Bonsiepe, este sería el utensilio.

¿entonces dónde se encuentra la interfaz?

¿es acaso la interfaz, las características físicas del componente 2?, ¿es la interfaz únicamente inherente al componente 2?
Esta es una duda recurrente cuando se intenta comprender a fondo la interfaz. De hecho, la mayoría de las personas asumen que cuando se menciona la palabra, la interfaz ES el objeto antes, durante o después del momento de ser usado. Para ellos el objeto ES la interfaz.

Esta interpretación, analizada desde la epistemología (o gnoseología, rama de la filosofía que trata sobre los fundamentos y métodos del conocimiento), refleja la teoría de Martin Heidegger y su concepto de la disponibilidad del objeto, en el que una cosa deviene en su uso, es decir el objeto se “convierte” en su uso. Por ejemplo, al momento de usar un simple lápiz, cada uno de nosotros no reconoce una interfaz con la cual relacionarnos. Vemos el lápiz como su uso en sí mismo. Diferente ocurre con un teléfono, en el que conversar con otras personas es el resultado de un proceso de interactuar previamente con su teclado.

Ambos objetos, lápiz y teléfono, son claramente ejemplos de interfaces. Pero así como el uso del teléfono depende de nuestra relación con su interfaz (la manipulación del teclado numérico), el uso de un lápiz depende también de su interfaz (forma, grosor, punta, borrador, etc.). La diferencia de disponibilidad entre las dos, radica en que la interfaz del lápiz se ha hecho imperceptible a nuestros ojos, debido a la alta familiaridad que tenemos con él.

Entonces en un lápiz, el objeto se ha devenido, por nuestra comprensión del mismo, en su uso. Pero eso no significa que el objeto sea LA interfaz.
Cuando hay una interfaz, el ente primario (componente 1) tiene la posibilidad de acceder a las características propias del ente secundario (componente 2), aquellas que “definen” su función y cubren las necesidades del ente primario.

La interfaz posibilita un encuentro, pero no es únicamente el ente secundario el que permite que este encuentro exista. Si pensamos por ejemplo en un teléfono sobre una mesa, aún abandonado seguirá teniendo las características que posibilitan su uso. Pero, si no hay un ente primario que tenga un requerimiento de uso, su interrelación esta incompleta y por consiguiente no hay interfaz.

En ese orden de ideas, tampoco es válido pensar que la interfaz es o está en el Componente 1. Para tenerlo claro tomemos el mismo teléfono, pero pongamoslo en manos de un ser humano que no tiene un referente cultural de lo que es este objeto. Por más que tenga TODA la intención, no podría acceder a él, no podría usarlo.
Igual podría suceder con otro tipo de interfaz, por ejemplo un cable USB que intente ser conectado en un puerto firewire.

En ambos casos, no es posible la interfaz por falta de congruencia entre el requerimiento de uso y las características que posibilitan el uso.

La articulación: emerge un tercer componente.

Retomemos nuevamente a Gui Bonsiepe, para quien la interfaz se define como “un espacio en el que se articula la interacción entre el cuerpo humano, la herramienta y objeto de la acción”.

Como grupo, Caja de Agua ha repasado varias veces esta definición. Hemos desarticulado sus palabras y estudiado sus implicaciones, logrando entonces develar aspectos que han enriquecido nuestro afán de comprender en profundidad a las interfaces:

Sabiamente Bonsiepe describe la participación de más de dos actores para la correcta interrelación de una interfaz. Así, al separarlos del modelo ontológico/antropológico, podemos reconocerlos claramente: un ente primario, un ente secundario y un objetivo a cumplir, todos inscritos en el espacio en el que se contactan los dos entes.

Ya reconocemos el papel de cada uno de los entes (primario y secundario), como partícipes de una interfaz. Ahora entonces, debemos dar relevancia al nuevo vértice propuesto: un objetivo a cumplir u “objeto de la acción”. Partamos de un hecho: para Bonsiepe, tan importante como el ser humano dentro de la interfaz es que este tenga un requerimiento que disipar. Ahora, esa premisa es innegable cuando analizamos las interfaces que nos rodean: usamos el lápiz para escribir, porque nuestra memoria puede fallar o encendemos un bombillo con un switch en la pared para evitar subirnos a una silla y encender un candelabro.

Entonces ante nosotros, un axioma:
La mayoría de las interfaces físicas que conocemos nos permiten suplir una limitación física (y/o fisiológica) de nuestra condición humana, a tal punto de proyectarmos a través de ellas para obtener un beneficio: usamos las tijeras para reemplazar nuestros dedos por cuchillas afiladas que dividan con precisión la hoja de papel o llamamos por teléfono porque nuestra voz no es tan fuerte ni puede viajar tan lejos.

Sin embargo, aún reconociendo su importancia en la articulación de una interfaz, Caja de Agua difiere con Bonsiepe al definir el objeto de la acción como el tercer componente principal. Analicemos nuevamente el ejemplo del teléfono:
Si quien tiene el teléfono entre sus manos, no sabe para que sirve… como puede tener claro que puede proyectarse a través de él, superar sus limitaciones y usarlo para llamar?

La ausencia de un ente primario impide que exista una interfaz. No obstante, la ausencia de un objetivo a cumplir por parte del mismo ente primario, no desarticula la interfaz, no la rompe ni destruye; por el contrario afecta la respuesta que el ente primario espera recibir del ente secundario, como resultado de ese objetivo.
Por consiguiente, el objeto de la acción reside en el ente primario, no fuera de él. Se encuentra disuelto en la intención de cumplir su objetivo, y se revela como una “Intención de Uso”.

Tomémos de nuevo el teléfono: Si intento marcar números al azar sin pensar en llamar a nadie en especial, mi “intención de uso” puede ser de un nivel medio, verdad? esto si pensamos que realmente, yo se que hago (porque entiendo para qué es el teléfono), pero no quiero un resultado específico. Así que el objeto de mi acción es difuso. Ahora bien, si partimos de esta situación y recordamos que la interfaz existe en el momento en que hago contacto con las teclas del teléfono, el tercer componente que articula una interfaz, no es el objetivo a cumplir: es realmente la unión que tengo con el teléfono. Sólo en ese momento hay interfaz.

Finalmente, la definición de Bonsiepe, deja de lado un factor inherente a toda nuestra “realidad”: el tiempo es relativo a cada objeto o ser y por consiguiente no sólo debemos mencionar el “espacio” como lugar de reunión, sino considerar la importancia del momento de la misma. Aún cuando sea corto, largo o indefinido el periodo de tiempo que implica.

Esta “reunión”, como un contacto entre los dos entes, articula la interfaz cuando (noción temporal) el ente primario se encuentra ante (noción espacial) el ente secundario para lograr un objetivo por medio de una acción.

ver [ 03.4 ]:Definición general de Interfaz